surf Jueves 11 de agosto de 2016

Edwin Salem: surfear Mavericks y el recuerdo de la última ola de Mark Foo

En diciembre de 1994, Edwin Salem, uno de los íconos del surfing argentino decidió desafiar una de las olas más grandes y peligrosas del mundo, hablamos de Mavericks, California. A través de este relato, Edwin nos cuenta paso a paso como fue esta nueva experiencia.

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“A fines de diciembre, el Norte de California tuvo un swell increíble. Grande, con off shores y periodos que empezaron en 18 segundos y llegaron a un máximo de 24. Mientras el North Shore estaba chato, San Francisco comenzó a romper de 10 pies (20 pies de cara) y perfecto. Ken Bradshaw, (Shaper y famoso corredor de olas grandes profesional) instalado en Sunset Beach Oahu, me comenzó a llamar para saber sobre las condiciones. Mi departamento de San francisco tenía vista al mar y solo tenía que mirar hacia el oeste para dar un preciso reporte. Ken y yo hablamos constantemente e intercambiábamos información en forma regular a medida que el swell iba montando. En esas idas y venidas telefónicas de una punta del Pacifico a otra, Ken se exaltaba cada vez mas. Después de la última conversación no pudo contenerse y se subió a un avión. El viernes por la mañana ya estaba surfeando Ocean Beach con nuestro Clan.

Entre los que corrimos ese día, estaba el cantante Chris Isaak (un gran amigo y un regular de estas surfeadas en grupo pero siempre de incognito) y Bruce Jenkings (columnista deportivo del San Francico Chronicle, estaba sacando fotos desde la duna. Matt Warshaw (ex editor de Surfer Mag, hoy creador de Enciclopedia of Surfing) y yo, estábamos esperando que baje un poco la marea para pasar la rompiente. Ken quien se había desembarcado del avión una hora antes, ni siquiera paro a tomar un café para aclimatar al frio, se metió directamente al agua sin muchas vueltas ni peros. Ese día el surf subió a 15 pies (30 pies de cara) mientras surfeábamos y corrimos olas clásicas, grandes, y perfectas con mucha fuerza.

El sábado fue similar pero al medio día Ken insistía en ir a surfear Mavericks. Mark “Doc” Renneker (fundador del Surfers Medical Association) y yo lo llevamos. Ken estaba sobre exaltado, quería surfear allí y no había forma de hacerle cambiar de parecer. Para nosotros Mavs estaba a penas empezando a romper y sabíamos que Ocean Beach estaría mejor. Quizá como conocedores y locales de esta costa, para nosotros, se podía esperar, el spot no se iba a ir a ningún lado. 

Para Ken, Mavs tenía otra relevancia que se nos escapaba en ese entonces. Era la ola más grande y fuerte de Estados Unidos Continental y podía ver que en ese contexto, siendo profesional una cara de la moneda que a los amateurs como nosotros no se nos cruzaba por la mente. El hecho histórico de que esta costa pasaría a ser en el futuro una especie de North Shore más radical y extremo que el original, comenzó a mover los cimientos del surf de ola grande y su reino. 

El surf Hawaiano, no podía, en términos gauchescos, dejarse pisar el poncho por de una treintena de Don Nadies del Norte de California. (Incluyendo a los muchachos más jóvenes de Santa Cruz como Peter Mel, Flea, Jay Moriarity,”Skin Dog” Collins y otros que para ese entonces, Mavericks, se había transformado en una puerta abierta para el profesionalismo. Sin duda estos muchachos mostraron a través del tiempo, la verdadera pasta de la cual estaban hechos. Ellos sumaban a la presión psicológica Hawaiana, que en conjunto a la exposición inaudita de los medios de televisión, quienes a falta de malas noticias esa semana, comenzaron a darle manija cotidiana a la “OLA GIGANTE”. Esto conjuntamente con el envío de fotógrafos de las revistas de surf, genero un frenesí de paparazis de todo tipo y color durante esos días.  

Cuando llegamos a Mavs nos encontramos con Evan Slater (Surfer de San Diego, profesional que en ese entonces vivía en San Fráncico, estudiaba Literatura inglesa y más adelante termino siendo editor de Surfer Mag. Evan fue el primer surfer que salió del circuito y pasó a ser exclusivamente Big Wave Rider pro, sin necesidad de competir)  

Evan, acababa de salir del agua y dijo que estaba achicando. Como él estaba sin auto lo dejamos a Ken surfeando lo poco que quedaba en Mavs con el amigo de Evan y los tres pegamos la vuelta juntos a San Francisco. 

“Nos corrimos TODO". 

Izquierdas de 15 pies larguísimas con leve offshore; estaba perfecto. Pero el oleaje, al final de la tarde bajo considerablemente. Esa noche recibimos el Wave Fax con noticias de una nueva tormenta. Comenzó instantáneamente a correr el rumor que el swell llegaría a Hawái, y de ser así , se haría el campeonato Memorial de Eddie Aikau en Waimea Bay. Ken se subió a otro avión y volvió a Honolulu.

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Al medio día siguiente mientras jugamos al escrabel , vimos por la ventana del departamento de Doc Renneker, un set enorme que rompió en el banco de arena “South Patch” y decidimos ir a chequear Mavs. Lo pasamos a buscar a Grant Washbourn quien vivía a dos casas de la mía en el Great Highway, entre la calle Taraval y Santiago. (Grant es un tipo enorme de un metro con noventa y cinco de altura, robusto, originalmente de New Jersey. En ese entonces estudiaba cinematografía. Fue un pionero en la filmación de Mavs, el protegido de Jeff Clark y muchas de sus filmaciones formaron parte de los documentales más famosos del lugar. Luego paso a ser semi-pro y es un regular invitado al campeonato de “Dungens”, en Ciudad del Cabo Sud África).

Salimos a todo trapo y competíamos en el camino a ver quién podía aguantar más tiempo sin respirar. Más que un examen de rendimiento era un examen psicológico antes de entrar a confrontar la bestia. A mí en particular terminaba poniéndome más nervioso. Yo prefería tomarme vaso de tinto para bajar revoluciones. Para entonces había hecho una regla de no tomar mate en días grandes para que no me suban las palpitaciones cuando era inevitable un set en la cabeza, otros fumaban cánnabis. (Algunos de los más jóvenes de Santa Cruz, terminaron teniendo serios problemas de adicción a “Cristal Meth” o “ICE” que les daba una euforia y valentía sobrenatural). Mis amigos y yo “Par Contre”, encarábamos la situación como simples mortales, con espada y escudo, con fe y raciocinio, o como dicen los Australianos: “With a board on one hand and the balls on the other ”.

En el agua estaba Evan y lo vimos bajar una bomba de 18 a 20 pies! La ola llevaba mucha agua; no habíamos visto a Mavs así desde 1991. Evan se surfeo todo, parecía estar en muy buen día. Grant agarro tres olas, en la cuarta se cayó muy mal y en el impacto se le salto un lente de contacto, que por alguna razón insólita, término encontrándolo en su boca. Yo agarre dos olas, muy limpias, “Doc” tres. La ultima ya con la puesta del sol y decidimos salir del agua antes que empezara la hora de comer de los tiburones blancos.

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El oleaje siguió levantando durante la noche, pero nunca llego a Hawáii; debido a una alta presión rarísima en el medio del Pacifico, la tormenta cambio de curso en línea directa hacia nosotros. Mientras tanto en las montañas del Lago Tahoe, sobre la cordillera entre California y Nevada, había caído muchísima nieve. Tan densamente, que genero vientos offshore fríos y muy fuertes que contrarrestaron la alta presión en el mar y dominaron sobre la costa.

El oleaje siguió subiendo durante noche. El lunes estaba gigante y perfecto, creo que nadie fue a trabajar. En Ocean Beach cerraba toda la playa y rompían olas monstruosas hasta dos kilómetros adentro. El “South Patch” rompía desde el Zoológico a la boca de la Bahía de San francisco. El “Potatoe Patch” abarcaba el lado norte de la bahía dejando solamente abierto el canal de los buques cargueros. Estos se movían como un Optimis navegando sobre un serrucho de corderoys.

Varios barcos pesqueros se hundieron. Mavericks nos llamaba … dadas las condiciones climáticas el oleaje se fue tan al norte que gracias a Dios, lo que veíamos en frente a la bahía, no enfocaba directamente en el arrecife. Más bien pasaba de largo. Corrimos olas de 20 pies pero el offshore dificultaba mucho los drops. Los vientos se pusieron más fuertes y lo vimos a Jay pegarse el palo del año, definitivamente el wipe out más importante de su corta vida. (Jay tenía solo 16 años entonces, no había terminado la secundaria y repartía pizzas en Santa Cruz para ayudar a su madre, murió a los 22 años en un accidente de buceo).

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La foto en forma de crucifijo pasó a la posteridad. Salió en la tapa de la revista Surfer de mayo del 95. Chris Brown, en ese entonces campeón del tour Budwiser, al ver esa horrible caída dio media vuelta y salió del agua. Brown a pesar de su estatus, ignoró la presión fotográfica y otros incentivos del profesionalismo. Tomo una posición admirable frente a lo que llamábamos “El Síndrome Kodak”.

Jay, tuvo mucha suerte en su caída, a diferencia de lo establecido en la película, logro respirar antes de que le caiga la segunda ola encima. Luego afuera del agua nos dijo “Soy el único que se va a hacer famoso por caerse”. Jay al principio estaba bajo la tutela de Frosty, (una especie de simbiosis de hermano mayor adoptiva los unía y Frosty era su maestro en armas). Jay tuvo mucha suerte al poder salir a respirar. Mark Foo no tuvo la misma oportunidad. 

Luego comenzaron a llegar helicópteros de los canales de televisión y a medida que los surfers salían del agua comenzaban las entrevistas. Al ver esta movida Steve Martin, un ex compañero de la facultad y surfer, que en ese momento era el “Anchorman” de la sección de meteorología del noticiero del canal 5, entendió en términos de olas la meteorología inusual del momento y le dio maquina al asunto. En su programa monto una foto de la ola más grande del día con un camión MAC superpuesto sobre la imagen, explicando con una barita, que uno de esos camiones podría entrar en el tubo. Luego hizo lo mismo con cuatro camiones uno arriba de otro para mostrar la relación de tamaño y altura de la ola. Creo que si Randolph Hearst estuviese vivo, estaría orgulloso de él.

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Esa tarde llegue a casa pasado de adrenalina, estaba como si me hubieran inyectado una dosis alta de morfina. No podía hacer nada más que mirar las llamas del hogar del living y recuperar el calor frente al fuego. Me hice unos mates para despabilarme y recuperar fuerzas. Al rato comencé a escuchar los mensajes en la contestadora automática. Ken había dejado cinco mensajes; los dos primeros eran preguntas sobre las condiciones de Mavs, los otros eran lamentos. Creo que se había comunicado con alguien quien le había contado sobre la sesión que se perdió. Lo llame y cuando le conté la situación se quería matar. El mar comenzó a bajar. El martes fue igual al sábado anterior.

Ken recibía los faxes del Surf Report y parecía, según el análisis, que el oleaje cambiaria de dirección; no sabía si valía la pena venir. El “Eddie” al final no se llevo a cabo, Navidad estaba cada día más cerca. El miércoles el mar remonta como por arte de magia. Fuimos a Mavs a chequear la situación. Yo decidí no meterme. Para mi estaba más peligroso que el lunes. Vi gente salir del agua sangrando y con tablas partidas. Uno de los que salió fue John Raymond (abogado) quien tuvo la caída más terrible de su vida. Aparentemente filtro una ola por abajo del lip, pero se dio cuenta que el globo de la espalda de la ola lo empezaba a tirar. Se soltó de la tabla y empezó a brasear por su vida. La fuerza masiva de la ola le arrastro la tabla pero la pita no se llego a cortar. Si bien el estaba supuestamente a salvo, el tirón de su 11`3 fue tan fuerte que lo arrastro varios metros sobre la superficie, como si estuviera haciendo “Patito”. Parecía como si se lo hubiera tragado el mar. Instantes después de su larga caída adentro del lip, aterriza de costado pegando contra la superficie y rebota en dirección al cielo dos metros en el aire para luego ser demolido por la espuma y sumergido unos treinta pies bajo la superficie. Una vez que la paliza termino y comenzó su acenso, una segunda ola rompió y lo arrastro aun más. Exhausto, en shock y con lágrimas en los ojos, emprendió la caminata hacia su auto. (Tenemos que comprender aquí, que en esa época, todavía no se sabía bien el factor de ser arrollado por múltiples olas sin salir a respirar. Estos eran los primeros recuentos de esos eventos). Doc se quedo esperando a que el viento bajara. A eso de las 3 de la tarde se metió al agua con muy poca gente.

Esa noche hable con Ken nuevamente y estaba desesperado por regresar, pero no podía conseguir un vuelo. El jueves el swell bajo y a la mañana Mavs apenas estaba rompiendo, pero a la tarde comenzó a tener más pulso. Bill Bergerson “Pee Wee” (media 1mt 90, carpintero por oficio, Master en Literatura Inglesa y el surfer de SF mas reconocido de todas las épocas. Era la personificación del ciudadano de SF. Low key cool, nervios de hielo, surfeaba todo tamaño, con un estilo fino y elegante que hacía que cualquier ola parezca una seda. El y Doc fueron mis mentores).

Bob Bataglio (Ingeniero Naval), Doc, John, Evan y yo surfeamos solos. Estaba glassy de 15 a 18 pies sin sets sorpresivos de 20. La pasamos super bien con condiciones y olas ejemplares. Todos surfeamos con solidez y agarramos muchas olas. El lugar parecía pacifico en comparación a la furia de los días anteriores. Poca gente, poco circo y buenas olas.

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El nivel de surf de San francisco, por ser amateur era muy alto. Sin duda, como grupo era el de la más elevada educación formal. Los que surfeaban con menos presiones externas y eran conocidos por el buen sentido del humor, como también de alta caballerosidad en el agua. Para mí siempre fue un honor surfear con ellos ya que la visión del mundo era muy amplia y como clan, eran una fuente de información profunda en muchos planos, donde el intercambio de conocimiento iba y venía despreocupadamente y con generosidad. Hombres de nobles espíritus. Brock Little, uno de los más famosos surfeadores de ola grande pro de Hawái en ese momento, se refería al clan de S.F como “The Surf Think Tank”.

A eso de las cuatro pm, Renneker quiere probar mi tabla. Una 11`6 que me había hecho Ken. Era una joya en diseño, despegaba con muchísima facilidad y temprano. La tabla era estable, maniobraba con mucha efectividad y era rapidísima. Intercambiamos tablas y me mande en una que no pude agarrar. En cuanto me di vuelta, asumí de inmediato, que me encontraba en serios problemas. No me quedaba otra solución que confrontar al monstruo remando de frente y hacia ella. La ola era tan grande que tapo la puesta de sol y la cara se oscureció…. Pensé “es una de esas negras…” reme y reme hasta más no poder y a media cara aborte la misión desprendiéndome de la tabla ya que no podía pasar el lip. Mi cuerpo paso con facilidad dado a que se me corto la pita. Nade hacia el canal de la izquierda para salir de la zona de impacto. Luego angule hacia el horizonte, pase por afuera de la posición de mis amigos y finalmente llegue a salvo al canal de la derecha. De ahí nade a Mushroom Rock y luego a dentro de la laguna del otro lado de Sail Rock. Toda la vuelta me llevo cuarenta minutos nadando en aguas profundas de tiburones blancos. 

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A pesar de que todo salió bien y que comparadas a otras situaciones que confronte en el futuro que fueron más violentas, está en el contexto de esa semana fue “Lite”. No obstante, el golpe psicológico me pego en la playa.

Tuve suerte que estaba lo suficientemente afuera y las rocas no presentaron mayor peligro y las pase nadando con bastante espacio. En la orilla me lo tope a Pee Wee, que en el ínterin había corrido dos olas más. El encontró la tabla flotando en la laguna y la arrimo a la playa. Cuando la vi no lo podía creer. Las piedras le habían cortado gran parte de la punta y la cola. La cubierta tenía cuatro agujeros del tamaño de un adoquín. En el centro tenía una piedra redonda incrustada al lado del alma. Matt Warshaw, en su libro, “Mavericks The Story of Big Wave Surfing” lo describe así: “La piedra redonda se encontraba incrustada en la cubierta de la tabla como si un meteorito del espacio exterior le hubiera caído encima.” 

La parte de debajo de la tabla estaba completamente rajada y las quillas habían desaparecido. Cuando Doc llego a la playa, no lo podía acreditar. (Al final lo acredite yo con los arreglos, pero la tabla estaba completamente arruinada). La cara de Doc al verla era digna de un cuadro de Salvador Dalí. Parecía perder su forma y se bifurcaba en muecas insólitas en la medida que analizaba los daños. En vez de enojarse, pego un alarido. Uno de esos que uno grita cuando un amigo se baja un olon. Y luego dijo pensativamente… “que poder tiene este lugar”.

En el camino de regreso a San Francisco reflexionamos sobre todos estos acontecimientos y tratamos de darle significado. Pensamos que todo esto cargaba un mensaje y nos cuestionábamos en cómo interpretarlo. Desde un punto de vista científico occidental era netamente inexplicable. Desde un ángulo oriental solo logramos entender el juego de las fuerzas naturales. Pensamos que de ser Indígenas Americanos, todos estos raros factores climáticos tendrían algún significado de los Dioses. 

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Todos los accidentes sufridos esa semana tendrían un significado mayor, solo bastaba mirar la puesta de sol para darse cuenta que algo mayor iba a ocurrir. Todos los diarios corrían atrás de los surfers, los turistas plagaban las playas, los canales de tv hacían notas y mantenían al público informado sobre el tamaño de las olas; algo inaudito en San Francisco. Llegue a casa exhausto, no podía dejar de pensar en el destino de esa tabla y mi conversación con Doc.

El oleaje comenzó a levantar nuevamente.

Ken me llamó, le dije que no viniera, que se quedara en su casa y pase navidad con su novia. 

Me dijo que Brock Little estaba en San Francisco y que si le confirmaban el vuelo, él y Mark Foo estarían aquí por la mañana. Pensé… ¿Qué está pasando? Me acordaba de todos esos días que surfeabamos solos en un pasado cercano, Que el North Shore era algo relativamente lejano que veía en la revista Surfer cuando llegaba por correo. Ahora muchos de esos surfers que admiraba de chico, eran amigos míos y a otros los encontraría en el agua en los próximos días… ¿Qué paso? ¿Qué está pasando? ¿Cuál es el mensaje? Mañana será otro día…

A las 6 de la mañana suena el teléfono y salto de la cama. Era Ken, estaba en el aeropuerto con Mark Foo y salían derecho para Mavs y quedamos en encontrarnos allá. Esa mañana me levante cansado, quizá por la constante tensión previa a surfear y las subsecuentes descargas de adrenalina y luego el efecto estupefaciente de post sesión. Además tenía el físico con cierto nivel de desgaste, que al final de un par de semanas de ese tipo de olas necesitaba un break. No me apure en salir. Desayune bien y conteste un montón de llamados a clientes que había dejado colgados a lo largo del swell. A eso de las 10 am agarre mi traje y fui a buscar mi tabla a lo de Doc. Al llegar me di cuenta que había partido. La puerta de la casa estaba abierta, la tabla que le había destruido estaba acostada en el medio de la sala con la piedra incrustada como si hubiera estado bajo el escrutinio de un examen médico. Las rarezas de estas situaciones continuaban sin cesar. A mi tabla no la encontraba por ningún lado. Supuse que se la había llevado. Cerré la puerta, me subí a mi antiguo Mercedes Benz y tome el Highway One en dirección sur a Half Moon Bay.

Al llegar a Mavericks, me encontré con Pee Wee que estaba shockeado por la cantidad de gente que se veía en el agua. Estaba grande, no enorme, pero con un ángulo mas del oeste. Mientras mirábamos el “Circus Maximus” en el cual se había transformado este remoto lugar, recordábamos con cierto grado de nostalgia, las épocas en que teníamos que convencernos mutuamente para meternos al agua. 

Hasta hacia unas semanas atrás la transformación había sido gradual y en este orden: Jeff Clark (shaper y pionero en surfearlo) y su grupo de locales como Shawn Rodhes (Dueño de un surf shop), Ion Banner (trabajador de barcos) Matt Ambrose y otros eran los que llevaban la delantera, todos top surfers. Luego la inclusión de Richard Schmit (Pro Am dueño de una escuela de surf) y su hermano, ambos de Santa Cruz. La llegada de los de San Francisco por Mark Renneker, luego los jóvenes de Pro de Santa Cruz, el contingente de Big Sur liderado por Don Curry y Peter Davi. 

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Si bien todos estos personajes eran muy buenos surfers, sólidos y con mucha experiencia, al final del día, la mayoría seguían siendo los muchachos del barrio de sus distintas comunidades. (Algunos con leve patrocinio como una tabla y o traje de goma). Todos nos conocíamos muy bien ya que en la década de los ochentas manejábamos para el sur o el norte de la costa, surfeando los mejores lugares, muchas veces quedándonos en sus casas o ellos en las nuestras en los buenos oleajes. Sabíamos quién era quien, las leyendas locales y el resto de lo que pasaba en este surfing que era netamente provincial. Esto comenzó a cambiar cuando salió el articulo de Ben Marcus “Cold Sweat” en la revista surfer, que mostraba a Jeff Clark tirándose en unas “BOMBAS” e inevitablemente cambio el status quo de nuestra realidad. Culminando con la llegada de Ken, quien transmitió con certeza en el North Shore que la ola no era un mito.  

Lo lindo de esa época era justamente esa búsqueda personal de la ola más grande, compartir con los amigos, intercambiar información de experiencias adquiridas, pasar lindos momentos con los muchachos con un surfing de mucha alegría y sin darnos mucha cuenta de ser parte de una punta de lanza de una costa poco explorada. Eso estaba cambiando en nuestras propias caras ese viernes en el acantilado.

Pee Wee estaba por meterse y le pedí que le dijera a Doc, que cuando termine que me busque para entrar con mi tabla en el segundo turno. Yo no estaba muy apurado, había más de cuarenta tipos en el agua, tres lanchas y un helicóptero. El acantilado también tenía un circo infernal, había unos 30 fotógrafos con tele objetivos, dos canales de televisión filmando, turistas y un idiota dándole a un driver, tirando pelotas de golf al mar. 

Me encontré con Leo Calzadilla, (un gran amigo arquitecto y surfer de Caracas que residía en SF desde hace años y hoy aquí en Puerto Viejo) y nos sentamos a ver el show. Mientras miraba estas escenas me imaginaba como seria la sesión de la tarde con Ken, Doc, Mark y Pee Wee. Sin presiones y más tranquilos. Pero eso nunca ocurrió.  

Mark Foo estaba surfeando muy bien y agarrando muchas olas. El, Little, Mike Parsons (un pro de ola grande de San Clemente) y Ken se estaban tirando en olas muy cerrados para esa dirección del swell, que genera una especie de segundo pico. En esas condiciones el agua tiene cierto movimiento a contra veta del arrecife generando una especie de contra corriente en la superficie de la cara de la ola. Por esta razón todos los locales estaban sentados más abiertos. 

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Siempre en aguas cargadas de testosterona hay posiciones a defender, nombres y reputaciones a mantener, que culminan en la simplificación de “Quien es el más macho”. Ese día, en este gran encuentro de colosos, en este coliseo, esos elementos estaban volando muy alto, en una batalla amistosa, entre Lords y Escuderos.  

Todo participe en estos juegos sabe que siempre el factor del filo de la espada está presente. De ahí el dicho “El que vive de la espada muere por la espada”. O en las propias palabras de Mark Foo:

“If you want to ride the ultimate wave you have to be willing to pay the ultimate price”.

Foo y Bradshaw remaron la primera ola del set. Ken estaba muy cerrado atrás del pico y no pudo entrar. Foo, mas abierto se encontraba en plena energía. Se para y comienza el descenso…. A medida que baja a media cara de la ola, Foo se encuentra sujeto a tratar con las turbulencias y efectos del ángulo del oleaje, (los cuales desconocía). Sumándole a esto una olla de agua (Que también le dicen Borbotones. Es agua que sube por presión de cuevas submarinas generando un círculo en la superficie de agua ascendiente). Esta en particular es de casi 2 metros de diámetro.

La tabla de Foo muerde con el borde interno la olla de agua y frena por completo despidiéndolo en velocidad, cuerpo extendido paralelo a la superficie. Foo, pego muy fuerte contra el agua sin poder penetrar en absoluto. La ola lo envolvió y vimos su silueta caer adentro del lip. En la cresta se vio el brazo derecho salir del agua agresivamente como si estuviese resistiendo. Cayo con toda la fuerza del lip con su tabla debajo de el. El lip, pego en el agua plana. La ola genero un sonido como una explosión detonando un ruido apocalíptico.  

Pocos momentos después, todos los fotógrafos cambiaron el ángulo de sus cámaras y apuntaron al cielo. En ese agudo celeste de mañana tardía, se encontraban unas nubes extrañas que formaban un arco iris circular alucinante que daba la impresión de ser un portal al universo. 

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¿Otro mensaje? ¿Qué interpretación se le podía dar? 

Mi mentalidad en esa época no me permitía dar interpretaciones místicas. Hoy si. Antes era más distante de mis emociones y por consecuencia mi conocimiento frente a la naturaleza era más limitado. Al ser más joven me encontraba atrapado en las restricciones de la lógica y el distanciamiento científico. Con el tiempo me di cuenta que estos eran solo algunos de los tantos engranajes para obtener sabiduría, no los únicos. Sobre todo a partir de estos eventos. 

Atrás de la ola de Foo se tiraron Little y Parsons. La ola se les cierra y son arrastrados rápidamente a las piedras. La gente en el acantilado le comenzó a gritar al helicóptero, pero esto fue en vano. Ellos estaban directamente de bajo de este y no los avistaron. Little abandona su tabla y nada entre los peñascos al norte de Sail Rock (un campo minado de piedras) y logra salir a salvo del otro lado del arrecife. Parsons entro en estado de pánico y llego al mismo sitio por que una espuma lo deposito ahí. 

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En el agua se veían cuatro cabezas, todos asumimos que Foo era uno de ellos, cuando en realidad era John Raymond que se había caído en otra ola, perdiendo su tabla. También se encontraba en ese pin ball de cabezas, un fotógrafo con patas de rana y una cámara acuática. Esto a la distancia, daba matemáticamente un conteo justo de individuos por tablas flotando.

Un rato después vi como un barco levantaba un pedazo de la tabla de Foo. Después de ese set cambio el viento a on shore y comenzó a entrar niebla. Mi sesión de la tarde ya no tenía posibilidades. En el acantilado me encontré con Matt, quien recién había bajado del helicóptero. Caminamos juntos hasta la playa de estacionamiento con Brock, que estaba sangrando levemente de unas raspaduras en una mano. Ahí nos encontramos con Jeff que nos decía cosas que no se entendían muy bien. (Ya había pasado como una hora).

Jeff Clark estaba en shock y nos dijo que Mark Foo había muerto. Nosotros nos quedamos sin aire y quizá por un instante incrédulos.

Jeff sabia de lo que hablaba comenzó a llorar más fuerte. Me acerque y le di un abrazo. Minutos después caminamos juntos a la playa a darle la noticia a Ken y a Doc. Los encontramos saliendo del agua súper sonrientes. Evidencia de haber tenido una muy buena sesión de olas. Se les notaba la felicidad en sus rostros, no sabían nada de lo acontecido. Jeff se acerco a Ken y yo a Doc. Los miramos pero a los dos nos costaba decirle lo que había sucedido. En cuanto lo comunicamos, Ken reacciona fuertemente gritando: “Es mi culpa yo lo traje” “Tengo que verlo” “Quiero hablar con el médico, vamos ya”.

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Mark Renneker al ser médico, reacciono con más calma. Pudo poner la amistad de lado y me pidió que le contara claramente lo ocurrido. Le conté lo que me había dicho Jeff; aparentemente, Evan se había subido a una de las lanchas que llevaban los fotógrafos y al llegar a la entrada del puerto vio un pedazo de la tabla de Foo. Pero al mirar mejor, vio que al lado flotaban unos pies y se tiro al agua. Con nervios de hielo, lo subió al barco donde trataron de resucitarlo con CPR, pero era muy tarde, hacía tiempo que había fallecido.

Lo seguí a Doc en mi auto hasta el puerto. Ken y Jeff ya habían llegado y estaban hablando con el paramédico de la ambulancia. Ken estaba destruido, no parecía la misma persona de quince minutos atrás. Nos abrazo a Doc y a mí, juntos y nos quedamos unos instantes como en un volante de rugby. Respiramos hondo y fuimos al barco. 

Foo estaba acostado en cubierta, parecía un indígena americano, piel rojiza por el frio del agua, ojos rasgados, con una expresión de paz en su rostro. Su cuerpo estaba intacto y tenía un pequeño corte en la frente. Ken doblaba la ropa de su amigo y la guardaba en su bolso. La niebla estaba muy densa. Cuando la ambulancia abrió sus puertas, Foo entro en la camilla y lo saludamos por última vez.  

La niebla gris… nuestras mentes y espíritus estaban igual; no había adentro o afuera, formábamos parte de una pesada viscosidad general. Estábamos paralizados. Al rato llego Bob Bataglio, quien nos saco un poco de la situación y nos llevo a tomar unas cervezas al pub del puerto. Nos aflojamos un poco y halamos mucho. Esa noche nos reunimos en casa. Teníamos que sacarnos la angustia. El teléfono no paraba de sonar. Puse la contestadora para evadir a los reporteros hambrientos. No paraban de dejar menajes. John, Ken, Brock, Dauid, Bob y yo nos quedamos tomando un tinto. Discutiendo fuertemente los errores, las tonteras y las irresponsabilidades que había que solucionar en este pequeño mundo al cual pertenecíamos. Reímos, lagrimeamos hasta que el alcohol pego fuerte.

A la mañana siguiente Ken y yo fuimos a la casa de Jeff, para analizar los videos del día anterior y tratar de sacar conclusiones. (En estos párrafos pueden se pueden interpretar algunas de las mías). Cuarenta y ocho horas después Bradshaw y Foo llegaron a Honolulu.

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Dos semanas después tuvimos una misa en Mavs, había un sentido de hermandad muy noble y genuina que ayudo mucho para cerrar el tema. Admito que al re escribirlo, si bien es más amplio que el original, para mí es como revivirlo una vez más. Quizá más intensamente por mi propio crecimiento espiritual, lo cual tiene un desgaste emocional a pesar del espacio entre hoy y el ayer. Es como viajar por el túnel del tiempo, los acontecimientos siguen existiendo, casi estáticos, donde nadie envejeció, como si se hubiera parado el reloj en una hora especifica. Pero la realidad es que en el círculo de la eternidad, no existen números ni agujas. Todas las olas del pasado, presente y futuro siguen rompiendo…. y todos aquellos que nos encontramos en este plano, nos re encontraremos en otro en distintas formas como en la naturaleza, como en el movimiento de las olas….

Nunca dejaremos de surfear".

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