surf Martes 16 de Agosto de 2016

Edwin Salem y su aventura surfera en las Islas Malvinas

Para muchos, las Islas Malvinas suelen ser un “sinónimo de conflicto", tal como lo explica el protagonista de la siguiente nota. Edwin Salem decidió dejar todo el pasado de lado para viajar, en el año 2003, a surfear estos inhóspitos spots.

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“Si bien Las Malvinas o The Falkland Islands para muchos es sinónimo de conflicto, para mí las diferencias de estos dos nombres e interpretaciones históricas fueron algo cotidiano en mi casa. Mi padre cuando volvía del colegio se aseguraba de darme una lección de la interpretación histórica británica en cuanto empecé a estudiar geografía Argentina. Esto para un niño no tenía un valor muy significativo. Mi padre Ingles, mi madre Argentina, los dos idiomas coexistían en paz en la particular y cotidiana historia de mi familia. Se tomaba el te a las 5.00 PM y eso no nos diferenciaba del resto de los vecinos de San Isidro. Mi padre era protestante, mi madre católica. Ella ejercía su religión y mi padre se autodenominaba hereje y en esto había acuerdo. 

Y en este acuerdo cultural existían algunas diferencias como comer unos huevos fritos con tocino a la mañana que era asqueroso para uno como para el otro untar una tostada con dulce de leche era algo incivilizado. Otras diferencias eran más triviales como pronunciar perra “pera” o el sin fin de errores de artículos; ejemplo: “ La paragua”. Pero no era así de sencillo ya que a veces el articulo era bien puesto pero la pronunciación errónea. “ yo querer sacar la pera de la cocina y salir a caminar con este”. Esto si a veces traía un conflicto de criticas lingüísticas de ambas partes y sarcasmos del Ingles de mi madre y sus errores. Al fin y al cabo era un “peaceful coexistente” o “coexistencia en paz”.

Para mi pasar de una cultura a la otra era tan simple como cruzar la calle. Con el tiempo cruzar la calle se transformo en cruzar continentes, cruzar océanos, cruzar lo desconocido. Y en uno de esos cruces, 20 años después del conflicto bélico Malvinas/Falklands, cruce a estas Islas para explorar sus olas, su gente y su espíritu.

En octubre de 2003 decidí cruzar el pequeño espacio de Atlántico entre la Patagonia y las Islas. Pero en realidad no fue así de simple. Desde Costa Rica se me hizo sumamente difícil conseguir información logística. Si se podían alquilar autos, donde me podría alojar, cuáles eran los costos de vida. En fin lo más básico para emprender una campaña es tener la información de dónde vas a hacer tu base. Hable con Jerome Poncet el capitán del Golden Fleece quien unos años antes me había llevado a la Antártida. Me dio la información necesaria para arrancar pero por lo hablado la exploración por tierra sería difícil por el tipo de terreno y falta de caminos. Por otro lado no había información publicada sobre vuelos y las aerolíneas que supuestamente volaban no tenían mucha información. Decidí ir a Buenos Aires e investigar de más cerca el asunto.

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Antes de mi partida a través de la asociación de Cricket de Costa Rica, de la cual soy miembro y jugador, tuve en varias ocasiones la oportunidad de charlar con la embajadora Británica Georgina Buttler. Creo que después del último partido de la temporada pude hablar con ella sobre mi próxima aventura. Ella tuvo la amabilidad de citarme en la embajada para charlar sobre el viaje. En este encuentro le comente mis planes de surfear “Las Islas” y me conecto con el gobernador que tenía pocos años más que yo y era el capitán del equipo de cricket local.

Dos días después partí hacia Buenos Aires. Una vez en la ciudad de la furia, me junte con los muchachos de Asatej quienes me habían conseguido el único vuelo a las islas. Mi itinerario termino siendo. Bs. As,- Santiago noche en la ciudad. Partida en la mañana cabotaje Santiago- Puerto Mont-Punta Arenas- Mount Pleasent Malvinas. Wow, di una vuelta por el cono sur de 12 horas para ir a un lugar que en línea recta de Buenos Aires hubiera tardado 2 horas. En fin así de ridícula es la política. Exhausto llegue a la base de la RAF (Royal Air Force) en Mount Pleasant que era tan Grande como Port Stanley con hangares cerrados probablemente con misiles. La base parecía un pueblo con canchas de rugby, cricket y football. Aproximadamente con 2000 efectivos. O sea el personal militar era casi igual en cantidad que la población completa de Stanley o más….

Luego de pasar todo mi equipo por una máquina de rayos x me sellaron mi pasaporte Norte Americano. (Use este para tener una entrada neutral). Y me embarque en un colectivo rumbo a Port Stanley. La trayectoria aproximadamente de unos 40 minutos estaba plagada de hermosas puntas, pequeñas bahías, y mil recovecos con lindas olas que trabajaban en distintas formas con los vientos y dirección de swell. Estaba sumamente emocionado en ese paisaje desolado y ventoso, me traía recuerdos de otros lugares radicales en similares latitudes, pero este, si bien a simple vista era parecido, en los días que vendrían fui aprendiendo que las sutiles diferencias podrían dejarlo a uno muy fácilmente al borde de muerte. Note también en esta pequeña trayectoria algo muy extraño, un sentimiento retraído y sombrío que emanaba de algunos de los locales. Estos no eran particularmente simpáticos pero si respetuosos y cordiales.

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Al alejarnos brevemente de la costa, gire mi cabeza hacia la izquierda y vi unas montañas con las simas cortadas por antiguos glaciares. Fije mi mirada en una de las copas y luego fui bajando curiosamente hacia su base. Inmediatamente note miles de formaciones rocosas que caían por la ladera casi hasta la planicie. Estas formaciones se llaman “Stone runs” o “cascadas de piedras”. Estos desplazamientos rocosos de varios kilómetros son los efectos de la época glaciar, muy similares a los que se ven en Sudáfrica. Salvando las diferencias al estilo de “Table Mountain” en Ciudad del Cabo. El sol estaba cayendo, el paisaje era color dorado al mejor estilo californiano….el viento sur haciéndose sentir me traía memorias antárticas…. las Malvinas pensé… que lindo lugar, que linda aventura.

Dada la orientación de esa majestuosa luz que todo transformaba en oro, ya con mis ojos enfocados en la pradera observe con mucha claridad, repartidos con cierta simetría, 2 helicópteros quemados con sus hélices dobladas, algunos jeeps o pedazos de camiones.

El contraste fue una patada al corazón de cualquier ser viviente, humano, animal o vegetal. Me trajo recuerdos de intolerancias, políticas internacionales mal conducidas, legitimaciones de falsas interpretaciones histórico-culturales, falsas luchas por la libertad, conflicto, violencia absoluta, guerra, muerte, más muerte y el infinito sufrimiento en vano en cual nuestra especie siempre cae. Todo lo que amo de la naturaleza estaba en esa pintura de Dios y todo lo que detesto del ser humano también.

Cayó la luz y al rato aparecieron las luces de Port Stanley en el horizonte.

Trate de salir de ese estado mental negativo cuando escucho a una mujer hablar Ingles con un acento Francés brutal. Me arrimo para charlar un poco en su idioma y cuando nos miramos nos reconocimos. Era una tripulante de Jerome que había bajado del viaje antártico anterior al mío. En el 2000 habíamos tomado unos cafés en Ushuaia y charlamos extensamente de nuestras mutuas aventuras ecuestres. Ella en el verano del norte conducía tours a caballo por las estepas de Mongolia, y yo por las junglas y playas del Caribe sur de Costa Rica. El surf, la navegación y los pingos le dije yo. Ella respondió Ah oui, le surfer extreme d’Antarctic. Si respondí. Sonreí y le dije que detestaba la palabra extremo, o que me clasificaran como extremo. Aventurero o mejor aun Explorador sí, pero para mí hoy por hoy extremo se convirtió en un punto de venta para millones de consumidores. Extremos con mayúsculas son esos helicópteros que pasamos allá atrás. Nes’t pas? Se rió con un simple D’acord!

Una vez en Port Stanley me instale en 14 Drury Street, en un cuarto de la casa de Kay Mac Cullum. Kay, había enviudado recientemente y transformo su casa en un bed and breakfast bastante lindo y discreto. Ella era ecologista y muy simpática comparada a los pocos Kelpers con los cuales me había comunicado. Aparentemente esta nueva situación la mantenía ocupada y le servía como terapia. Al tener gente joven alrededor esto le levantaba el ánimo y le daba constante compañía. Algo realmente feo en este mundo debe ser estar solo en un lugar como las Malvinas. 

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Esa noche pase por la amarra del Golden Fleece y cene en el barco con Jerome y Dion. El buen vino y comer de estos corsarios franceses me hicieron sentir que nunca había dejado el Golden Fleece, que no había pasado ni un instante desde el viaje a la Antártida, que el tiempo no transcurre cuando hay buena onda entre seres humanos, que tres años son solo una vuelta de hoja de un buen libro. Charlamos, reímos, tomamos whisky y al final de la noche Jerome saco de su camarote las cartas marinas de estas islas. En ese preciso momento, como decimos en argentina, se acabo la joda. 

El ambiente se torno serio, los ojos de todos en la mesa se tornaron en profundas miradas, los intelectos de cada participante agudos y en alerta. Tanto los marinos como los surfers cuando se trata de expediciones la joie de vivre se controla y se entra en un transe de máxima seriedad y concentración. Tal es lo que imprime la furia de los océanos en nuestros cuerpos, el respeto al mar y al prójimo.

Ya que cuando el respeto se pierde, bueno…solo había que ir a dar una vuelta por los campos de la zona para ver las huellas del desastre.

Estudiamos las distintas posibilidades de olas. Dion me mostró sus descubrimientos surfisticos en la parte noroeste de East Falkland donde había navegado el verano anterior y había agarrado un lindo reef de derecha de unos 4 a 5 pies Hawaianos, o sea unos dos metros y medio. Tenía sentido que rompiera ahí en esa época ya que hay swells que vienen del este del Brasil con dirección sur y la costa está expuesta a una fosa aluvial muy profunda. 

Pero era octubre y yo quería agarrar esos swells originados por las tormentas en el Pacifico Antártico que vienen pegando la vuelta a Tierra del Fuego. Estas tormentas pasan del Pacifico al Atlántico raspando la costa este de East Falkland y siguen viaje rumbo a Sudáfrica. El patrón lo venía estudiando desde hace unos años y parecía ser constante. Solo era cuestión de llegar a la zona de Volunteer Beach que mostraba estar expuesta y contaba con suficientes accidentes geográficos para que se pueda surfear con distintos vientos. 

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Además las cartas mostraban claramente unos arrecifes muy interesantes algunos con muchas algas marinas que tienden a darle una textura glassy al agua. 

Pero con los vientos que corren en estas islas pensé que no hay algas que aguanten el glass. Luego de algunos tragos se trato la parte logística del viaje. Esta era sumamente difícil porque uno no podía alquilar un Land Rover sin guía, el terreno era muy traicionero y si no lo sabías leer podías perder el vehículo en uno de los pantanos fantasmas. Fantasmas por que estos estaban cubiertos de pasto. Si no conocías las distintas especies de pasto, básicamente la capa de sedimento que cubría esta especie de arena movediza donde crecía esta vegetación, se quebraba y literalmente te tragaba la tierra con auto y todo el equipo. Bueno me di cuenta que tenía una lista de deberes extra para el día siguiente. Hasta entonces solo tenía pensado surfear la playa más cercana, Surf bay y aclimatar

.Me despedí de mis amigos y me fui bastante averiado rumbo a lo de Kay.

Al día siguiente, mientras desayunaba, Kay me pregunto cuales eran mis planes. Le comente que pensaba llamar a un taxi que me lleve a explorar la costa entre el aeropuerto y surf beach. Se rió y me dijo, tendrías que pasar por la oficina de explosivos primero para ver cuáles eran los accesos a través de los campos minados. Pensé que me estaba haciendo una broma pero no era así de simple. Lamentablemente el ejército Argentino había minado toda esa zona costera esperando el ataque Ingles, pero los Ingleses entraron por la bahía de San Carlos. 

Estos campos minados no fueron catalogados y los dispositivos quedaron ahí sin forma de ser extraídos. El ejército Argentino se los había comprado a Estados Unidos. Estas minas eran plásticas con detonadores plásticos, siendo así imposibles de identificar con rastreadores metálicos. Además al ser el terreno inferior del suelo muy suave, estas, a través de los años fueron cambiando de posición. Pero esto no era todo según el mapa, casi toda esta costa estaba delineada en distintos colores, rojo, azul y verde. El rojo identificaba los campos minados, el azul identificaba misiles sin estallar y el verde básicamente eran zonas libres de acceso. Pero los mejores spots que había identificado la tarde en que llegue estaban en zonas rojas o azules. El acceso tendría que ser por mar y esto no garantizaba que en esos arrecifes o puntas no haya misiles sin explotar bajo la superficie. Siendo así, las autoridades me negaron cualquier tipo de acceso a estos lugares.

El swell estaba chico, de unos 2 a tres pies y mis opciones eran surf beach a quince minutos de Stanley o Mount Pleasent beach dentro de la base Británica, está ubicada a cuarenta y cinco minutos. Di por alto esta expedición y decidí simplemente aclimatar en Surf Beach y concentrar mis esfuerzos en una expedición a la zona de Volunteer beach.

Una vez claros mis objetivos zarpe de la casa de Kay rumbo a surf beach donde hice surf toda la tarde, probé mis tablas y trajes de goma, seco y húmedo. Saque algunas fotitos de las olas y de algunos caballos. Surf beach es la ola que surfean los pilotos de la R.A.F y algún que otro surfer que han pasado por ahí, como los que escribieron ese artículo en la revista Surfing, creo que lo tendrían que haber llamado “Como no hacer una expedición de surf a las Malvinas”. Fue el articulo mas lleno “Bull Shit” que había leído en años. Los lugares que surfearon, fueron surfeados por personal militar desde la ocupación de los años ochenta y es la costa con acceso más fácil y cercano a Stanley. En otras palabras otra mentira propagandística surfera para salvar cara frente a un fracaso. El comentario que mas me hizo reír a carcajadas fue el siguiente “This is probably the first tube ever ridden in these islands” o algo por el estilo. En fin, ya sabemos de que se trata todo eso, Dios, y luego los gringos.

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Pero la verdad es que hay dos locales de surf bay un Ingles y su mujer Kelper, ambos boggie boarders que se entuban desde hace años en esta playa. Además la R.A.F tiene un casino de oficiales en Port Stanley con trajes de goma y tablas para sacar prestado para cualquier oficial o soldado de cualquier rango. Yo conocí en un pub un par de pilotos con rango de capitán que me invitaron a surfear a la playa de la base y me dieron información sobre los surfers de esta. 

Por lo general tienen una estadía de 6 meses y son Galeses o de Cornwall muchos vienen con sus tablas y equipo, ellos pueden pedir las Malvinas como destino voluntario y hoy por hoy es mucho más simpático que estar en Irak. Además Dion surfea ahí cuando el Golden Fleece está en puerto. Que mas puedo decir…..Surfing Magazine tendría que corroborar los hechos antes de publicar pavadas. (Un conflicto de amarillismo contra el Colonialismo Surfero)

Al día siguiente volví a surfear la misma playa y luego busque en distintas agencias de viajes a un guía con un buen Rover. Esto también se torno en otro dolor de cabeza, ya que las playas en las cuales quería hacer surf si bien estaban libres de campos minados, estaban en estancias privadas por lo cual necesitaría permiso de los dueños. Imagínense que mi intención era que me dejen en un lugar con provisiones y que luego me pasen a buscar 10 días después. Generalmente hago un campamento base y de ahí de acuerdo a lo que voy descubriendo instalo otros más pequeños. Bueno para hacer la historia más corta las autoridades no me dejaban quedarme solo en esos paramos, ósea que el guía tendría que acompañarme toda la estadía. Esto fue un golpe bastante duro en mi bolsillo pero ya estaba allí y tuve que seguir de acuerdo al plan con las alteraciones impuestas.

Cabe notar que ser expedicionario surfer es algo tan lejos de la mentalidad local que sería más fácil ser astronauta. A pesar de todos los contactos que tenia y sin tener problemas de idioma, lo que proponía estaba totalmente fuera de órbita para los Malvinenses. De hecho nadie había intentado esto antes, si bien esto me hacía sentir orgulloso también me sentía reprimido y sin libertad de acción. Pero era obvio que había todo tipo de restricciones de seguridad de estado, militar y sector privado.

Si bien Argentina se refiere políticamente a Las Malvinas como territorio nacional en disputa, los malvinenses se sienten ocupados por los Británicos y estos dado que Argentina no retira su derecho territorial, están siempre en estado de alerta. Siendo así, Las Malvinas no solo se encuentran en un estado de ocupación de pos guerra Británica sino también en un estado de bajo control local.

Los Malvinenses no se consideran Británicos ellos quieren ser un país independiente pero también son consientes de que si los Británicos se fuesen volverían a estar bajo amenaza de ocupación Argentina y sin respaldo.(pero un respaldo de facto) Entre la Argentina, un coloso endeudado de otra lengua y cultura o una nación rica Europea, la opción Malvinense (si se la puede llamar así), si bien no es a gusto, si es pragmática. Entre los dos males me quedo con el que conozco.

Todo esto limita la libertad en las islas y a mí personalmente me cuesta vivir e interactuar con este tipo de limitaciones ya que ser surfer en su esencia es ser sumamente libre e ilimitado. Pero me tome toda esta situación dislocada como una meta personal y me empecine en lograr mi objetivo, después de todo había logrado surfear un Iceberg en Antártica unos años antes y en ese momento no poder surfear esa costa seria para mí una ofensa personal. Conseguí los permisos y deje varios meses de sueldo en esta empresa. Si encontraba las olas que buscaba bien y sino probaría mi punto. Con esa determinación tozuda zarpe rumbo a Volunteer beach.

Una vez en camino con Rowland mi guía, mientras manejaba cross country, toda esta estupidez política quedo atrás de unas montañas. Me acorde del discurso de Martin Luther King, “Free at Last”. A medida que el Rover avanzaba por campo abierto, iba desapareciendo todo síntoma de civilización. El aislamiento era dulce y sublime. En ese sin fin de praderas, lomas doradas y montañas cortadas, me sentí finalmente que estaba viviendo la verdadera esencia de las Malvinas. Después de pasar por la estancia que miraba a la Bahía de San Carlos el camino de ripio se termino y de ahí en más era conducir por el pasto.

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Me impregne visualmente de esos paisajes, del viento marcando su rastro en la vegetación, de esa desolación majestuosa que solo emanaba paz y tranquilidad, en ese entonces comprendí el carácter de los Falklanders, el por qué de su temperamento reservado y el poco uso del habla. Todo estaba escrito en esa tierra, en esos vientos y en ese mar. La dureza de las condiciones de la naturaleza, el aislamiento real de ese pueblo y como les cambio la vida ese día que se despertaron al ruido de ametralladoras y violencia. Me sentí triste de la misma forma que un Norteamericano liberal se siente cada vez que su país invade a otro, me sentí triste que el mismo sistema represor que llevo a tantos miembros de mi generación al exilio y a la muerte también trajo su doctrina militar represora a estas tierras de un pueblo indefenso. Me dio vergüenza pensar que esos campos minados privaban a todas esas familias el uso recreacional de todas esas zonas tan bonitas de su área inmediata y que pongan en riesgo a los niños cada vez que se les escapa un pelotazo de la playa a las áreas restrictas. 

Lady Margaret no tenía perdón, trasladando a su país a la guerra por un juego de ajedrez político para que le incrementen las encuestas para ganar las elecciones, poniendo en juego la vida de miles de jóvenes. Alterando las relaciones entre Argentina y U.S.A y toda la destrucción que llevo a ese rinconcito perdido en el Atlántico Sur…. las masacres de los Gorkas y la gran carnicería humana que termino siendo todo esto. “ What Madness”, “Que Locura” No me podía sentir orgulloso de nada más que de mi surfing, mi querido surfing…

A medida que avanzábamos, encontrábamos manadas de ovejas por todos lados. Poco a poco fui comprendiendo el terreno y que significaba cada planta, espiga y pasto. Ya entendía lo que yacía debajo del campo y las dificultades que podría proveer mi falta de conocimiento. El guía valió cada centavo que pague por que era una enciclopedia de información sobre el territorio.

Al final del horizonte dorado poco a poco una línea horizontal celeste comenzaba a trazase en la distancia. Esta se fue ampliando lentamente hasta que llegamos a Cow’s Bay. Una playa amplia y larga con acantilados en cada punta. La marea estaba muy baja lo cual nos permitió movilizarnos con el Land Rover con velocidad por la arena. En la esquina este, montamos el campamento. A la hora de llegar después de haber transpirado un poco, Rowland comenzó a preparar la comida. Yo me puse el traje de goma y me fui a surfear una izquierda elegante de fondo de arena con vientos off shore. Esta no superaba más que la altura de mi cabeza. Los pingüinos nadaban a mi alrededor para ver si yo era un ser hostil. 

Al no interferir siguieron su curso a la playa con velocidad para reunirse con el resto de la colonia. 

Después de estar en el trópico tanto tiempo este lugar le hablaba a mi espíritu en una forma siniestra. El sonido del viento, los despegues en las olas heladas, el canto estridente de los pingüinos combinado con el de las ovejas en la playa, las grandes expansiones de tierra, las focas ladrando y algunos gansos europeos que volaban por ahí….sentí que el todo me comunicaba el argumento ecológico entre la influencia del hombre y naturaleza. Esto generaba una combinación alterada de ambas presencias representada en una coexistencia rarísima de todos estos animales en un mismo hábitat y para ponerle la crema a la torta, dos seres humanos, uno surfeando y el otro cocinando a medida que la luz iba desapareciendo.

Pero por estas rarezas, exquisiteces, ex centrismos o realidad local es porque hago estos viajes. No es solamente surfear, sino descubrir, realizar, expresarse y exaltarse en nuevos ambientes que lo sacan a uno de su órbita habitual para expandir la mente y ampliar el universo interno…. abriéndose de tal forma que todo te traspasa y vos traspasas a todo. Aquí no hay show, ni vanidades, ni chicas, ni quien agarro la más grande o se tiro más cerrado, ni quien se entubo más profundo, ni quien es quien. 

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Las únicas medidas de competencia son tu intelecto que te puso ahí, el recuerdo de las imágenes de tus olas anteriores en relación a la actual, tu progresión de adaptabilidad a ese medio ambiente con todas sus variantes y en qué estado físico vas a llegar al final del día. Ósea vas midiendo tu ser en su totalidad biológica, intelectual y espiritual como para repetir nuevamente las mismas acciones a la tarde o al día siguiente. Es lo que te tira el lugar, es como lo interpretas y como te expresas sobre él. Es todo. 

El factor humano es mínimo y al ser así a su vez es máximo, vivir esas sensaciones te dan un sentido relativo del tiempo y el espacio como también un sentido de inmortalidad. Este a su vez hay que regularlo con mucha frialdad mental para justamente no pasar esa línea difusa de un sentimiento inmortal a la dura realidad de mortalidad. Cuando hay dos personas envueltas en la experiencia el dialogo sano de las situaciones vividas en esos momentos críticos (a menos que la hipotermia este bien encaminada en ambos) aporta soluciones lógicas y rápidas. Cuando uno está solo, es tu dialogo interno y tu realista honestidad con vos mismo el ambiente y las circunstancias actuales que van a salvar tu existencia en este mundo. 

El ser o no ser puede venir tan repentinamente que si te da la oportunidad de tomar decisiones bueno no hay que desaprovechar ese instante.

Por ejemplo como mencione antes en la antártica tuve una opción de experimentar con Chris Malloy surfear en una playa de un Iceberg. Nadie en la historia del deporte había hecho esto antes. A pesar de todas las diferencias que podría haber entre él y yo, como edad, profesión, nivel de competencia física etc. Intelectualmente y espiritualmente éramos muy compatibles en cuanto al inmediato intercambio de información a medida que íbamos agarrando olas y experimentando en un nuevo campo de juego. Tal fue la experiencia que luego de agarran una gran cantidad de olas nos subimos al témpano caminando como si lo estuviéramos haciendo en Ventura o Playa Grande. Pero al cabo de un periodo decidimos evacuar ya que un pedazo del Iceberg se desprendió explotando como una bomba. Por eso hay que saber cuando la naturaleza dice basta. En este caso fue más que obvio. Pero en las Malvinas tuve un incidente inesperado en cual fue rapidísimo, apareció con mucha sutileza detrás de mis espaldas.

(No es mi intención aburrirlos con estas anécdotas pero es positivo transmitir la información más relevante de estas para el bien común.)

Al día siguiente después del desayuno fui a surfear a Volunteer point. La mañana estaba clara y radiante, el swell había subido y en el horizonte había nubes muy oscuras generando un fondo plomizo. El pronóstico de nuestra radio decía que habría una fuerte tormenta con vientos de fuerza 8 para después del medio día. La ventana de posibilidad para esta sesión de surf era de 8:00 am a 11:00. Después sería muy arriesgado, muy sobre la hora. Según el pronóstico los vientos vendrían side shore a la playa en la cual estaba. A las 8:20 am ingrese al mar con mucho entusiasmo y comencé a correr olas muy lindas en un arrecife de piedras redondas que quebraba asía la derecha alejándose de los acantilados. Sobre las piedras había algas marinas gigantescas con un aspecto primitivo. Parecían plantas prehistóricas, la textura era como el uretano, de color verde oscuro. 

La temperatura del agua se hacía sentir en mi cara a medida que las ráfagas de viento lijaban las gotas sobre mis pómulos y mejillas. A la hora y media mi nariz estaba morada e insensible. El resto de mi cuerpo toleraba el frió mientras me mantenía en movimiento agarrando olas. El lugar tiraba una derecha hueca sobre el arrecife y más al este una izquierda de fondo de arena. Ambas rodaban sin cesar. Agarraba una tras otras divirtiéndome mucho y generando calor. Pero alrededor de las 10 AM el pronóstico me traiciono desatando los vientos fuerza 8 directamente desde la costa volando arena hacia el mar y haciendo prácticamente imposible surfear. 

Decidí salir del agua pero el viento incrementaba por minuto y sin darme cuenta al estar sentado en la tabla mi espalda comenzó a trabajar como una vela empujándome mar adentro. Si bien la situación se había descontrolado mi mente no podía darse ese lujo y comencé a remar fuerte con brazadas largas y continuas. Mi avance en dirección a la playa era deplorable. Llegue a contar treinta brazadas en dos metros de desplazamiento. Me di cuenta que en esa dirección sería imposible salir. 

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La corriente tiraba hacia las piedras del point y decidí ir en diagonal al viento con la corriente a una garantizada colisión con las piedras. Rowland estaba en la playa y no podía hacer absolutamente nada por mí. Seria tétrico para mí que tuviera que llamar a la base y que me saquen con un helicóptero, pero a la distancia que estábamos de esta y las condiciones que empeoraban nadie me podría garantizar que encuentren como una aguja en un pajar en algún lado del atlántico sur. Seguí mi curso hasta que una ola rompió a mis espaldas. Tire la tabla y me deje llevar por las olas sobre las piedras. 

Esto no fue tan trágico como lo esperaba ya que las algas amortiguaban los golpes mientras pasaba como una bola en una maquina de pin ball entre las piedras del arrecife. Pero la odisea no termino ahí ya que había poca playa entre el acantilado y el agua y esto generaba una pequeña contra ola. Esta combinada con la succión de las olas al retraerse me hacía muy difícil el avance. Fue ahí donde le saque provecho a las algas. 

Cuando el agua se retraía me agarraba de estas como si fuesen sogas, cuando el agua se desplazaba yo avanzaba con ella ganando terreno. Así tediosamente logre llegar a la playa con algunos agujeros en el dry suit y la tabla. Nada grave, todo reparable en plaza pero el adrenalinazo me dejo un poco alterado. Una vez terminada la odisea me quede al lado del fuego en el refugio y luego después de tomarme una sopa caliente me dormí una larga siesta.

A lo largo de esos días seguí explorando y surfeando distintas playas en ese sector de la isla contento de haberme salido con la mía, contento de haber burlado a las autoridades y contentísimo por haber encontrado olas donde nadie jamás había surfeado habiendo superado contratiempos y obstáculos de todo tipo siendo fiel a mis convicciones y agradecido de poder contarlo. 

Si bien las olas se mantuvieron constantes, gracias a Dios no tuve ninguna saga mas a superar. Hice surf como en cualquier otro lado del mundo, más aclimatado, más adaptado a las condiciones locales y por ende más astuto en reaccionar a los cambios climáticos de esos pagos. Hoy considero que aprendí mucho del atlántico sur y que la ley es que siempre hay que aprender algo de cada situación en cada lugar. 

El conocimiento científico es muy importante pero la adaptación al ambiente local es igual de valido ya que con ambas uno puede minimizar los riesgos. Las costas de estas islas tienen mucho surf, las olas están ahí para ser descubiertas no solo para los exploradores argentinos sino para todos aquellos de cualquier país del mundo que estén dispuestos. Estoy dispuesto a compartir mi conocimiento con quien lo desee como también me aprender el que ofrecen los demás. Por ende les doy mis coordenadas a aquellos que quieran entablar un diálogo serio sobre expediciones".

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